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Reconstruyamos la Capital del Fútbol

14 de Julio, en Deportes

“(…) Empezamos a exagerar la emoción que sentíamos. Los hinchas, que hasta entonces caricaturizábamos pequeñas guerras ficticias, olvidamos que actuábamos en chiste. Empezamos a llamarle «pasión» a nuestra simpatía por un club.


 (…) Y un día las tribunas se convirtieron en campos de batalla”

Hernán Casciari. Teníamos un juguete

Han pasado ya algunos días de la disputa del clásico –que se dio por primera vez en la historia- entre los elencos de la ciudad de Viale en el Federal B. Poco tiempo quizás para alcanzar un análisis profundo de la situación, pero al menos un margen prudencial como para dejar de hablar, por un momento de forma disociada, de “la bandera”, de las “Piñas del Cata”, “de la reacción de Mancuello”, “del flojo desempeño del árbitro”, del “afortunado trompetista que trascendió las fronteras de Paraná Campaña”, “de la responsabilidad de los medios en abordar el tema”, etc., etc., como si estos fueran hechos aislados, sin conexión entre sí dentro del mismo acontecimiento y que detentan mayor o menor grado de culpabilidad sobre lo sucedido. Señores, déjenme decirles que no se necesita ser un erudito –y lejos estoy de serlo- para comprender que el tema es mucho más profundo y nos involucra a todos. 
Esta generalización en la última expresión del párrafo anterior es el primer aspecto que debemos aceptar para comenzar a construir un plan colectivo de erradicación de la violencia. Si usted sigue en la posición de “Vos sos más culpable”, por favor, deje de leer esta columna y destine ese tiempo a justificar lo injustificable. 
Aceptar la parte que nos compete a cada uno parece mucho más difícil de lo que realmente es. Es más fácil siempre señalar al otro. Pero esto va más allá de la individualización, de la sanción deportiva, de lo determinen los dirigentes para los que consideren más o menos responsables, de las medidas que tomen los dos clubes en general –si es que lo hacen- con los involucrados. Va mucho más allá. La cuota de responsabilidad de cada uno hoy pone en jaque el fútbol como espectáculo público. Un deporte dispuesto a potenciar una ciudad dentro torneo nacional de ascenso. ¿Cuánto cree usted que le queda a este clásico para seguir disputándose sin restricciones? Que sólo los locales disfruten del juego. Que haya más policías que periodistas. Que poco a poco las tribunas y las familias se alejen definitivamente de la cancha. Y que la vida de este deporte se apague definitivamente. ¿Cuánto realmente cree que falta?
Retrocedimos 1.000 pasos en un escenario que se presentaba histórico no sólo para la ciudad de Viale en particular, sino para el crecimiento de Paraná Campaña en general. Por eso, es hora de que hablemos menos y hagamos más. 
Hace un tiempo titulé para el medio gráfico Nuevazona, donde me desempeño como columnista, que Viale era la capital del fútbol. Y más allá de esto y de lo embarrada que ha quedado esta ciudad frente al ojo crítico de los medios nacionales e internacionales, donde hemos sido noticia sólo por la violencia, voy a seguir defendiendo esa posición. Pero antes debo asumir la responsabilidad que me toca como parte del modesto grupo de periodistas de Paraná Campaña –y empiezo por un sector cuestionado- donde cada uno deber hacer lo que corresponde. Lo que esta profesión no ha inculcado. Porque los periodistas también podemos ser violentos cuando abusamos del lenguaje, sin tomar consciencia de lo que implica estar al frente de un micrófono o de una computadora elaborando contenidos para muchas personas. A veces nos pasa, quedamos encerrados en las celdas de los intereses o de las pasiones que genera este juego y restamos en vez de sumar. 
Vamos a seguir por los dirigentes. Los que construyeron definitivamente esta capital del fútbol, hoy vidriera nacional. Fueron ellos los que lo lograron. Nadie más. Los otros, hinchas y jugadores, solo acompañan en los procesos. Por eso los considero la parte más importante Ellos tienen la responsabilidad y el deber de llevar a cabo lo que han expresado por los diferentes medios. Pero deben hacerlo en forma congruente. Deben tomar decisiones en el corazón de cada entidad que dirigen, pero esas decisiones deben estar enmarcadas en la reconciliación, la tolerancia y el respeto y deben ser coherentes con lo que necesita la comunidad en general, no su espacio dirigencial en particular. 
Sino este escenario, con el que pocos quizás soñaron alguna vez, construido durante mucho tiempo sobre cimientos sólidos revocados con compromiso, dedicación y convicciones, y que tiene hoy como resultado dos equipos de una humilde liga en un torneo de carácter nacional, se caerá como una casa construida de naipes.
Los dirigentes tienen potestad sobre los hinchas y los jugadores. Son responsables por ellos también. Un hincha que corta un alambrado o tira una piedra arriesgando el trabajo de muchos años de unos pocos no sirve para nada. Existe el derecho de admisión. Un jugador que no entiende los códigos del fútbol, y que más allá de la rivalidad en cancha, pone en riesgo la integridad física de un colega no comprende este deporte. Si elaboramos mensajes que incitan a la violencia y conseguimos la complicidad de jugadores, o peor aún nos aprovechamos de su desconocimiento, estamos mal. Muy mal. 
Y con este apesadumbrado listado de realidad no buscamos la mayor o menor culpabilidad. Todo lo contrario. Tratamos de mostrar que Viale (ciudad) se merece otra cosa. Se merece realmente disfrutar de este momento histórico que vive. Que su pueblo tiene derecho a asistir a estos espectáculos públicos donde se les debe garantizar seguridad, un escenario de sociabilidad y recreación.
Sigo pensando en ese puñado de dirigentes que hoy deberá reconstruir la imagen de la capital del fútbol. Ellos deben entender antes que nada que esa imagen se construye día a día. No sólo con esfuerzo, sino con decisiones acertadas. Ni el diario Marca, ni Olé, o los canales internacionales como TyC Sports y ESPN viajarán al interior y se sentarán con ellos para mostrarles al mundo por qué Viale FBC es uno de los equipos más importantes de la provincia; o por qué Arsenal, de la mano de un grupo de dirigentes comprometidos ganó, en nueve años más que en toda su historia –incluyendo un ascenso-. No lo harán. Somos nosotros, todos nosotros- los que debemos dar la mano de nuevo. 
Tenemos el deber de hacer una reflexión, un autoexamen de conciencia, donde seguramente encontraremos muchas claves para empezar a nuevamente a reconstruir nuestra capital. De la que, como verdaderos defensores de nuestro fútbol, estábamos orgullosos.

Luciano Mastaglia - Dx3

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